Los límites de la amistad

Los límites de la amistad

La amistad es un precioso regalo, un tesoro, una bocanada de aire fresco en medio del desierto. ¿Qué sería de nosotros sin los amigos? Son aquellas personas especiales que conocen nuestros secretos, las preocupaciones que no nos dejan dormir; son quienes comparten también algunos viajes y experiencias,  que tal vez compartan nuestras mismas aficiones y que, en definitiva, están a nuestro lado cuando necesitamos su apoyo.

Los amigos aparecen en nuestra vida de repente, en un momento concreto, y por motivos aparentemente desconocidos se van creando unos lazos cada vez más fuertes, la comunicación con ellos se va haciendo más constante, más fluida, y llegan a ocupar un lugar muy especial en nuestro corazón. Muchas veces pasan a ocupar un lugar incluso más importante del que ocupa nuestra propia familia.

Sin embargo las personas evolucionamos, cambiamos con el tiempo al igual que cambian nuestras circunstancias, nuestros valores… ¿y qué ocurre entonces con nuestros amigos? Si son buenos amigos van a respetar nuestro cambio, ya que no es necesario ver la vida de la misma forma para cultivar una buena amistad. Respetar el punto de vista de la otra persona y apoyarla en sus decisiones, a pesar de no estar de acuerdo con ella, creo que es incluso una prueba mayor de que la amistad es aún más fuerte e incondicional. Entonces… ¿dónde está el límite? ¿Cuándo decidimos poner punto y final a una relación de amistad?

La ley del equilibrio

El equilibrio es fundamental y básico, se encuentra en todas partes, y la amistad no es una excepción. Debe existir un equilibrio en cualquier relación; dar y recibir, hablar y escuchar, reír y llorar. Cuando una persona sólo da, da, da, da, sin apenas recibir nada, la cuerda se rompe. Cuando un amigo te pide dinero prestado una y otra vez, y nunca te lo devuelve o detectas que ni siquiera entra en sus planes devolvértelo, que ni hay una intención subyacente de hacerlo, la cuerda se rompe. Cuando una amiga está a tu lado en los momentos buenos, pero de repente tienes problemas y ella curiosamente desaparece cada vez que necesitas un hombro donde llorar, la cuerda se rompe. Creo que me estás entendiendo perfectamente con esta ley del equilibrio e, incluso, puede que te haya hecho recordar alguna circunstancia pasada que te hizo distanciarte de alguien a quien considerabas un buen amigo o amiga pero que dejó de serlo por estirar demasiado la cuerda.

La traición

Una persona que considerabas buena amiga puede traicionarte y dejar de ocupar ese lugar especial en tu corazón de la noche a la mañana; no hay peor dolor que ser traicionado por tu mejor amigo o amiga. Ejemplos hay muchos, como asociarte en los negocios con una persona que acaba robándote dinero de la empresa u otro tipo de robos aún más dolorosos, como el de tu mejor amiga que inicia una relación afectiva con tu pareja, por ejemplo, y de repente te sientes devastado porque has perdido en el mismo momento a dos de las personas más importantes de tu vida. Depende de lo centrado que estés como persona, de lo trabajadas que tengas tus emociones y de lo “desapegado” que te encuentres de tus circunstancias personales, de todo eso depende que aceptes mejor o peor este tipo de situaciones. Por ejemplo, si tú eres una persona muy centrada tal vez te alegres sinceramente por tu amiga y tu marido, porque los quieres de verdad, porque se han enamorado y son felices juntos, aunque te hayan dejado fuera del pastel. Es posible aunque no es frecuente encontrar este tipo de reacción, pero el tiempo lo cura todo y probablemente seas capaz de verlo de forma positiva después de pasar tu duelo. Quién sabe, tal vez eso te haga conocer finalmente al verdadero hombre de tu vida…

El abuso

El abuso está relacionado con la ley del equilibrio, pero implica malas intenciones por parte de la persona que abusa. Y aquí no puedo evitar acordarme de una relación de amistad a la que puse fin el pasado mes de marzo, pues me sentí utilizada por una persona a quien yo apreciaba muchísimo. Le abrí las puertas de mi casa incondicionalmente, sin tiempo límite y con pensión completa, porque se había quedado sin trabajo ni dinero, y al poco tiempo ella pasó a tratarme prácticamente como si fuera una empleada a su servicio. Me convertí en agente de viajes para ella, mujer de la limpieza, cocinera, chófer y mecenas (subvencionando todos sus gastos de viajes, hoteles y transportes varios). Sus intereses pasaron a ser prioritarios y yo debía dejar cualquier actividad en la que estaba inmersa sólo para satisfacer sus necesidades en el momento en que ella quería. Y además, para colmo, no paraba de opinar sobre mi vida, criticar todo lo que yo hacía e incluso intentó disuadirme para que dejara la música y me dedicara a “mis labores”.

A veces ocurre que pensamos que una persona es gran amiga nuestra y, en una situación límite, nos damos cuenta de que no lo es. Y resulta muy doloroso. A mí, personalmente, me cuesta bastante poner límites a la gente que quiero, y me dolió tener que ponérselos a esta amiga. Hablé con ella con calma, exponiendo mi punto de vista de forma  pausada sobre lo que había ocurrido, obviamente sin reproches ni subidas de tono y esperando simplemente un “lo siento” por su parte, que nunca pronunció. Y eso fue lo que rompió la cuerda en mi caso, que en lugar de disculpas, por su parte recibí insultos y malas palabras. Así que se terminó. Sobrepasó mi límite.

En tu caso, tú decides dónde pones tu límite. Recuerda que siempre eres tú la persona que decide si quiere o no continuar una relación de amistad, si te aporta o te resta, si te da energía o te la quita. Pon todos los ingredientes en la balanza, recordando que nadie es perfecto y que podéis tener diferentes puntos de vista sobre una misma situación. Puede que esta persona, o tú, estéis pasando por momentos difíciles, o incluso puede que haya grandes diferencias culturales entre vosotros. Si esa persona te importa, habla con ella y exprésate, no te guardes nada. Pero al final, tú decides. Siempre estará en tus manos.

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¡Feliz fin de semana!

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